domingo, julio 17, 2011

De ramas y ramos.

Tomar decisiones es, en cierto modo, eliminar partes de tu vida que no has vivido.
Yo concibo mi vida como un árbol fractal, con infinitas ramificaciones que son cada una de las posibilidades que se te presentan. Al decidir, continúas por una rama y desechas las demás. Al final solo queda el camino que has recorrido, pero al principio todos son igual de posibles, y todos te pertenecen de la misma manera. Hay ramitas que quedan inaccesibles unas de otras, opciones por tanto, incompatibles en un mismo plan de vida (por la misma limitación espaciotemporal). Antes de decidir sin embargo, esas ramitas están juntas, son igual de posibles y parecen convivir sin conflicto. Una especie de nostalgia hacia el futuro nos recuerda que no, que al final solo un camino se podrá recordar, por la maldita unidimensionalidad de nuestra existencia. Nada me impide en cambio, almacenar en mi cabeza mil recuerdos de mil vidas que quizá solo leí, o imaginé, o planeé, y mantener ante mi esa nueva rama escogida, que es todo un árbol ramificado hacia el futuro, de infinitas nuevas ramas y posibilidades.

viernes, julio 01, 2011

Perdónenme la escatología.

Devórame gusano de la mediocridad,
come y caga, come y caga.
Devora la manzana que un día fue roja,
come y caga, come y caga.
Anaconda de cariada longitud,
come y caga, come y caga.
Pocha, pudre y corrompe,
come y caga, come y caga.
Sobre un libro,
una mierda.

jueves, junio 16, 2011

Poe

Las sombras persiguen
al loco como el dolor
al poeta.
Sombrío es el dolor
y el loco poeta.
Imsomnio y demencia.
Treinta y dos piezas,
de marfil, diminutas, brillantes.
Caen al suelo
mientras la razón conquista la memoria.
Tratado del miedo.
Horror, misterio y muerte.
Berenice.
Catalepsia.

miércoles, junio 08, 2011

Érase una vez un pajarito...

El pajarito no cantaba. Era feliz sin cantar. Empezó a querer cantar. Pensó que sería realmente feliz cantando. El pajarito cantó y una zorra que por allí pasaba se lo comió.

domingo, junio 05, 2011

Aneu fent lloc que estem esperant...

Una extraña euforia lo invadía. Sabía que ese era su fin. La felicidad mata al poeta, eso había pensado siempre. Sin embargo no podía evitar sonreir mientras se consumaba el seppuku, y recordar a Calderón.

miércoles, junio 01, 2011

fluidos

Era una masa de gas esférica que flotaba en la oscuridad del espacio. El tenue brillo de una luz lejana revelaba las turbulencias en la superficie fluida y viscosa. Diversos colores emergían del centro, y se mezclaban entre sí como delgados hilos tejidos una y otra vez. Este movimiento convectivo mantenía la esfera en un equilibrio dinámico, en el que resultaba imposible predecir la siguiente textura. Formas y figuras aparecían y desaparecían caprichosamente.

Él se sentía incómodo observando ese espectáculo... Tal mezcla de colores le parecía obscena y de mal gusto. Semejante borboteo continuo le provocaba un cierto rubor. No era extraño teniendo en cuenta lo que la bola le sugería. Y no era culpa de él o de su mente perversa, sino que la esfera se esforzaba en provocarle. Al menos eso pensaba.

Él miraba la bola con seriedad, tratando de fijar su mente en el mero fluido, pero la terca y persistente esfera conseguía introducir una y otra vez imágenes y pensamientos desagradables en su cabeza. Eso lo ponía furioso. No soportaba esa sensación de descontrol...

Y de ese modo, se quedó dormido.

martes, mayo 24, 2011

Y entonces la hormiguita dijo que vale, que todo era una mierda. Que se acabó, y que no había solución.

viernes, mayo 06, 2011

De olores y tumbas

Yo era de los que pensaban que el árbol cuando caía en el bosque no sonaba. Que la realidad era ante todo subjetiva. Que si nadie conoce algo, ese algo no existe. Así no existía descubrimiento, sino invención, creación.

Y de nuevo, me descubro unos capítulos más atrás de lo esperado, nunca parezco llegar a la mitad del libro. Lo niego, pero luego llega la noche y ansío nuevamente
ese nirvana temporal que es el sueño. Los colores no ayudan.

Y de repente se muere Sábato, un grande. Y matan a Osama, un carnicero. Y el pan se queda sin su olor a recién hecho. Y el chocolate ya no sabe a chocolate. Y no quedan lágrimas de cocodrilo, ni poesías del Gran Miguel. No queda humanismo.

¿Y podría haber sido yo aquel pintor? Aquel pintor, que en la soledad de su túnel acertó a ver una ventana. Una ventana que pintó, y a la que una tal María se asomó. O ese niño de Råksta. O simplemente un olor olvidado.

miércoles, mayo 04, 2011

Silentium

Ni se lo volvía a plantear. Simplemente la decisión estaba tomada. Sabía que había sido un poco radical e imprevisible, y su familia tenía todo el derecho de indignarse y pedirle explicaciones, pero no las tenía.
Se acercaba con lo que parecía un paso decidido a las gruesas puertas de madera, que según había determinado, no volvería a cruzar.
Lo recibió un hombre anciano, con túnica y barba blancas, y con unos ojos brillantes que despedían paz.
Detrás contemplaba los Alpes, verdes y húmedos. Vivos y con alma propia.
No sintió necesidad de despedirse de su voz, que allí dentro no necesitaría, ni de otros placeres y lujos que deliberadamente dejaba atrás. Se trataba de un portazo en su vida, abrir una puerta y cerrar todas las demás. Entrar en un mundo nuevo, una experiencia totalmente diferente que lo cambiaría a él y a su relación con el mundo de forma irreversible. No sentía miedo. Más bien era una mezcla de curiosidad e impaciencia. Impaciencia de la que se avergonzaba. No cabían prisas en esa nueva vida en la que el tiempo dejaba de tener linealidad, y se convertía en algo abstracto apenas perceptible a través de la memoria.
Un suave aroma a almizcle e incienso lo reconfortó y le hizo cerrar los ojos. Mientras, a su espalda el enorme portal se cerraba con un mugido que le daba la bienvenida a su nueva vida.

lunes, abril 18, 2011

Conjuros de amor y muerte.

Movía sus brazos siguiendo un baile predeterminado que ella misma desconocía. Como leyendo un compás, sus manos instintivamente sabían que gesto realizar y que aguja clavar.
El muñeco era viejo y arrugado, apenas parecía que pudiera almacenar un ápice de simbolismo. Sin embargo, ella sabía que lo era todo. Lo tenía estirado, clavado con alfileres en una mesa blanca, y humedecido por sus propias lágrimas.
Movía la cabeza violentamente arriba y abajo, poniendo los ojos en blanco y repitiendo su nombre una y otra vez, mientras hacía gestos con unas tijeras, que clavó abiertas de forma violenta a un lado y otro del cuello de la marioneta.
Tras emitir un grito, deja caer la cabeza exhausta sobre la mesa, que se fue volviendo roja. El muñeco sangraba.
Era amor lo que la había llevado allí, ¿y era muerte el resultado? ¿Qué había hecho? El títere mantenía la misma mueca rígida e inexpresiva. A ratos esa mueca le parecía una burla, una burla que había contribuido a ennegrecer su corazón.
Sabía que no había vuelta atrás, y entre lágrimas cerró las tijeras.

sábado, abril 09, 2011

Bote y cartel

Poesía de piojos.
Vieja tuerta sin zapatos,
melón podrido en una caja,
almorzar en una estaca.
Cartón de vino, en un banco
portal cerrado a cal, y canto
mañanas de flauta, y tren.
Calor en las manos, frío en los pies.
Noches de piel y hueso,
vigilia de ausencia de besos.
Dolor de recuerdo,
de palos en los riñones,
de olvido de los colores,
de negras cejas sobre negros hoyos;
ausencia de imagen de antiguos gozos.

domingo, abril 03, 2011

La gata los observa grifada detrás del cristal empañado. Hay una extraña conexión de movimientos entre ésta y la mujer que se retuerce bajo el peso del dueño de la casa.
Éste la tenía sujeta por la cintura, y la atraía hacia así con movimientos bruscos. A cada empuje, la gata se erizaba. Saca las garras y las clava sobre la espalda cubierta de músculos en tensión. En el cuello, una arteria bombea sangre a un ritmo constante marcando el paso del tiempo. Los latidos de los dos corazones se entremezclan con gemidos y gruñidos. La mujer se acerca al cuello, y como animal hambriento muerde con fuerza. Un grito. La gata bufa. La agarra del cuello y aprieta. El hombre sabe que solamente dejando a su instinto apretar la destrozaría, sin embargo deja los ojos en blanco y se deja llevar por el dolor. El sudor, la sangre y otras secreciones se mezclaban con el placer y el dolor. Exhaustos caen sobre el sofá. El felino ronronea y levantando la cola se marcha de un salto.

martes, marzo 29, 2011

Independencia

¿Por qué limitar a mi piso mi función de hortelar, pudiendo expandir el ocio por aquí?

Un corto de Felipe Vara de Rey, del concurso NOTODOFILMFEST de Jameson. Buenos cortos y buen güisqui. Mi favorito (el güisqui, no el corto) aunque algo caro.

Muy gracioso (el corto, no el güisqui) como muchos otros del concurso. Os recomiendo que le echéis un vistazo si tenéis un rato, o una tarde que perder de corto en corto. Y de paso un copazo de Jameson, si tenéis a mano. ;)

http://www.notodofilmfest.com/index.php?corto=28687#/Home/Ficha/28687/

jueves, marzo 24, 2011

Julián y el libro mágico

Se acercaba el cumpleaños del pequeño Julián, y estaba muy nervioso. Sabía que le iban a regalar algo muy especial, aunque no sabía qué. Cada año se trataba de una sorpresa nueva. Esperaba cualquier cosa. Una varita mágica, un dragón, una alfombra voladora, un pececito de oro, habichuelas mágicas... Cada regalo que le traía su padre tenía toda una historia detrás tan antigua como el mundo, y los iba guardando como pequeños tesoros mientras memorizaba cada detalle y juraba no olvidarlos.
Este año iba a ser especial. Claro, ya cumplía diez años y se estaba haciendo mayor.

Esa mañana se levantó más temprano de lo normal, esperando ver las pistas que cada año dejaba su padre. Porque una cosa hay que decir, y es que no se lo ponía nada fácil. Cada año debía realizar una verdadera labor de investigación, exprimirse el cerebro e ir atando cabos, de forma que cuando encontraba su regalo él ya era parte de la historia.

Ese año parecía que se lo había puesto especialmente difícil. Por más que se fijaba a su alrededor no veía nada extraño ni nuevo. Recorrió la casa examinándola minuciosamente, y solo vió un libro en la mesita donde su madre solía poner las llaves y las cartas cuando llegaban a casa.

Se llevó el libro a la cama con cuidado, y se puso a verlo. En realidad el ya había leido libros en el cole, y sabía que era un poco extraño que el libro estuviera en blanco. Era muy bonito. Tenía las tapas gruesas y de color gris, como las escamas de un pez. Y al tocarlo, era como si acariciara un lagarto. Él sabía como era el tacto de un lagarto, porque su primo tenía una iguana enorme y le dejaba tocarla.

Vaya rollo, pensó. Porque claro, encontrar un libro en el que no pone nada es un poco aburrido. Sería como encontrar un rotulador gastado, que vale, es un rotulador pero ya no puedes pintar ni nada.
Abrió el libro, y se dio cuenta que había hojas arrancadas. Algunas casi no se notaba, porque habían sido muy bien recortadas desde el lomo del libro, y otras apenas habían rasgado la mitad de la página.

Se preguntaba que sentido tendría ir rompiendo un libro tan bonito. A una de las páginas le faltaba un hueco en forma de estrella en el centro. Lo miró fijamente, y casi le dio un vuelco el corazón.
Corriendo, fue a su armario a buscar entre sus cosas. Sacó una caja de cartón anudada con un cordón, y se puso a abrirla. En esa caja guardaba las cosas realmente importantes, cosas muy antiguas y valiosas. Anudaba la caja con un cordón, porque así los duendes no podrían abrirla y robarle sus tesoros. Todo el mundo sabía que los duendes podían abrir y cerrar cerraduras y puertas blindadas a su antojo, pero no podían desatar nudos. Eran demasiado torpes.

Tras buscar un poco, encontró lo que buscaba. El dibujo de un amuleto mágico en forma de estrella, con un hechizo inscrito en todo el contorno en un idioma desconocido. Aunque no entendiera lo que ponía, sabía que era un hechizo, porque qué otra cosa iba a ser si no.

Recordaba perfectamente como llegó a él el amuleto. Un día, hace mucho tiempo, al levantarse por la mañana encontró una carta debajo de la cama. Él sabía que debajo de las camas se recibían a veces cosas perdidas de otros mundos, mensajes y objetos que van viajando de cama en cama, como los mensajes en una botella van por el océano.

Muy poca gente sabía de este método de comunicación. Probablemente sería porque era muy poco efectivo, y se limitaban a enviar y recibir calcetines. Pero podías dejar una carta debajo de la cama, que no sabías donde iría a parar. No podías escribirle a tu abuelo, porque era muy difícil que le llegara a él y no a otro la carta. Pero era un método útil para pedir auxilio si te secuestran en el torreón de un castillo en una isla perdida que se supone que no existe.

Así fue como le llegó el amuleto. Iba dentro de la carta, con un gran pergamino en el que un anciano padre de diez hijas secuestrado en el torreón pedía auxilio. Y enviaba el amuleto para proteger al que fuera a rescatarlo. La verdad que resultó ser un amuleto muy poderoso, pero eso es otra historia.

Observó que su amuleto encajaba perfectamente en el centro de la pagina con el hueco en forma de estrella. Se preguntaba qué querría decir aquello mientras examinaba minuciosamente el amuleto.

lunes, marzo 14, 2011

Se trata de construir tu realidad.
Se trata de coger lo que tienes más a mano, e ir encajándolo. Formar un espacio acogedor. Una puerta que poder cerrar a lo que quieres dejar fuera, y una ventana para que lo bueno pueda pasar.
Se trata de levantarte cada día, y encontrar el camino a la noche.
Se trata de los amigos, de los conocidos, de los desconocidos y de los por conocer.
Los que te llaman a la puerta, se cuelan por la ventana y te acompañan en ese camino.

Gracias a los que están ahí.

miércoles, enero 26, 2011

starving

Como un frío elixir recorre todas las arterias. Capilares hiperfinos que conectan todo cuerpo.
En un milisegundo, del corazón a la planta del pié, del pecho al cerebro.
Ojos inyectados en sangre cambian de color, la pupila se achica buscando su presa.
Sus sentidos, afinados por el hambre, detectan el leve susurro de un alma respirando a kilómetros.

Fundido en negro.

sábado, enero 01, 2011

Boria

Zamarra húmeda de las mañanas de invierno.

martes, diciembre 28, 2010

Como un sebastián, recibe saetas en su torso. Tronca el cuello y no siente, no padece.
Interpreta un teatro que no existe y que nadie atiende.

Contemplado por las ánimas, seres amarillos de tez alargada, continúa la escena.
Entre risas y gritos, entre colores y humos distingue una mirada. Dos cejas flotando sobre sendas cámaras obscuras, reflejo inverso de sí mismo.
Sueños de niño. Olor a hierba.

viernes, diciembre 17, 2010

T parity

Y me descubro inestable. Contingente, variable. Como un seguidor de Heráclito, los átomos que forman mi cuerpo no son los mismos que lo formaban hace unos años. No me reconozco ni me conozco. Me recuerdo. Una proyección de algo que ya no existe, pero con la que mantengo una relación de equivalencia, linkada por el tiempo. Un recuerdo que también cambia, porque se proyecta constantemente sobre la imagen ya existente. En ella conviven algunos detalles que son, y muchos que fueron y ya no son. Descubro entonces, que lejos de haberme conocido, esa imagen nada tiene que ver conmigo. Por lo que nada me impide pulsar reset.

sábado, diciembre 04, 2010

Venganza

Y la luna se tiñó de sangre.


La agarró por la cintura y la cubrió. Su ancha espalda no dejaba ver la pálida deformidad de su amante. Sus fuertes piernas eran un amasijo con la tibia flacidez del engendro. Se oían gemidos, como el chirrido de una puerta oxidada. Unos pechos secos volteaban grotescamente, al compás de una canción no escrita.
Tensó sus brazos marcados de venas, aferrándose con las uñas en el último suspiro de placer. Dejó los ojos en blanco.
De repente, el maullido de una gata en celo.
El monstruo emitía susurros guturales.
La atmósfera estaba podrida.
Él estaba podrido.
Y era culpa suya.